Mingun Paya

¡Son como fideos chinos! Decían, y luego se reían mientras se tapaban la boca dejando entrever aquellos dientes blancos y bien colocados. Lo tocaban, como niños tímidos cogiendo la última galleta. Tocaban el cabello y se volvían a reír, se miraban y cuchicheaban cosas al oído, como si ella fuera a enterarse de alguna palabra de lo que dijeran. Era extraño, nunca se había visto en una situación semejante, se llamaban unas a otras y la rodeaban, la miraban fijamente con su pelo liso y brillante de color negro ébano y las mejillas con los dibujos de las delicadas hojas de thanaka.

Por un momento todas habían dejado de lado la ristra de postales con imágenes de buddha y las pagodas, se habían olvidado de su cometido, aquel que hacían desde pequeñas con sus hermanos menores a cuestas. Esto era mucho más divertido, eran tan solo unas niñas pero hacía tiempo que no se habían reído tanto. Se marchó cuando el resto del grupo gritó su nombre, se alejó con el sonido de las risas de fondo y viendo las diminutas manos agitándose en el aire, ella también agitó su mano y se giró con una sonrisa en el rostro, una sonrisa que perduraría durante el resto del día.

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