El camino

El camino se hacia largo, intensa la bajada, las rodillas la dolían, demasiadas horas bajando, pensaba. Pero alzaba la cabeza y enfrente tenía las montañas, aquel paisaje salvaje donde se detenía el tiempo. La faltaba el aire y el corazón se la aceleraba, sentía los latidos cada vez más rápido, sentía su sangre fluir bajo presión por su sien y los dedos hinchados dentro de los guantes. Entonces fue cuando dejó de caminar.

Se quedó sentada en una roca mientras los demás la adelantaban, allí podía contemplar la montaña y el resto del camino que aun debía de realizar antes de que atardeciera. Los picos nevados arañando un cielo azul intenso, era difícil no marearse al alzar la mirada, durante todo el camino había tenido la vista puesta en sus pisadas, para no tropezar, para no ahogarse y controlar la respiración. Ahora sus pulmones la exigían más aire, más de ese aire puro que la hacía olvidar y que la transportaba a un mundo sin tiempo.

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